Ramón de Mesonero Romanos: el cronista que vivió en la plaza que hoy es Pedro Zerolo
Hay gente que conoce Madrid por los bares, por los museos o por los carteles. Ramón de Mesonero Romanos la conocía por andar, mirar y escribir. Fue escritor, periodista y el primer gran “cazador de escenas” de la ciudad: el tipo que se quedaba con lo que otros pasaban por alto y lo convertía en crónica. Por eso no es casualidad que, en pleno Chueca, haya una lápida que lo recuerde en la Plaza de Pedro Zerolo: ahí estuvo la casa donde vivió y donde murió, cuando la plaza todavía se llamaba Plaza de Bilbao.
¿Quién fue Mesonero?
Mesonero Romanos (Madrid, 19 de julio de 1803 – 30 de abril de 1882) fue escritor y periodista, pero sobre todo fue mirada: firmaba como “El Curioso Parlante”, porque su obsesión era contar lo que veía y cómo funcionaba la ciudad por dentro. En 1836 fundó el Semanario Pintoresco Español, una revista clave en la cultura del XIX, y su carrera periodística lo llevó a colaborar en distintos periódicos y publicaciones.
Lo importante, para entender el “personaje”, es que Mesonero no escribía Madrid como postal; lo escribía como organismo: barrios, costumbres, personajes, rutinas y contradicciones. Publicó libros que hoy siguen siendo un mapa emocional de la capital —Manual de Madrid (1831), Escenas matritenses y El antiguo Madrid— y su figura acabó conectando cultura y ciudad de una manera muy moderna.
El título que lo convierte en “oficial”: primer Cronista Mayor y Oficial de la Villa (1864)
Aquí está el dato institucional clave: el 15 de julio de 1864 el Ayuntamiento designó por primera vez un “Cronista Mayor y Oficial de la Villa” y el nombramiento vitalicio recayó en Mesonero Romanos.
Eso significa que Madrid no solo lo leía: Madrid lo reconocía como alguien capaz de narrarla, conservarla y explicarla.
Y ojo, que no era un señor encerrado en un despacho. Mesonero también fue concejal (1845–1850) y estuvo metido en reformas de higiene y urbanismo. La RAE lo resume sin rodeos: se ocupó de sanear la ciudad y participó en una transformación urbanística relevante.
Chueca antes de ser “Chueca”: la Plaza de Bilbao y la casa donde vivió y murió
Ahora lo jugoso para nuestro blog de barrio: la actual Plaza de Pedro Zerolo (antes Plaza de Bilbao y más tarde Plaza de Vázquez de Mella) tiene una conexión directa con Mesonero porque ahí estaba su casa. La investigación del Instituto de Estudios Madrileños recoge que Mesonero falleció el 30 de abril de 1882 en su casa de la Plaza de Bilbao y que el Ayuntamiento dedicó una lápida en la fachada de la vivienda donde vivió y murió.
Esa lápida se colocó en 1885 y llevaba busto en relieve y una inscripción de homenaje (incluyendo la referencia a Escenas Matritenses).
Un matiz curioso (y muy Madrid): en fuentes históricas aparecen números distintos (6/7) asociados a la casa —por cambios de numeración y referencias de época—, pero lo esencial es sólido: la memoria de Mesonero está anclada en esa plaza, en el borde donde estuvo su vivienda.
Qué escribió para “capturar” Madrid (y por qué sigue siendo útil en 2026)
Mesonero dejó algo muy valioso: Madrid documentado. Sus textos sirven para entender cómo se comportaba la ciudad, qué preocupaba a la gente y cómo cambiaban los usos. En la placa moderna de Memoria de Madrid (otra, distinta a la de Zerolo) se recuerda que fue periodista, fundador de publicaciones, y que su nombramiento como cronista oficial arranca en 1864.
Si solo te llevas una idea: Mesonero convirtió lo cotidiano en patrimonio. Lo que hoy llamaríamos “vibe de barrio”, él lo convirtió en páginas.
Por qué Mesonero encaja tanto con Chueca
Chueca es barrio de calle, de miradas, de “quedamos aquí y pasa lo que tenga que pasar”. Y Mesonero, que vivió y murió en la plaza cuando todavía no se llamaba Zerolo, es el recordatorio perfecto de que Madrid lleva siglos siendo eso: una conversación permanente en espacio público. Si quieres un blog cultural que no suene a museo, Mesonero es oro: te da biografía, ciudad, placas, ruta y una idea potente para cerrar: Madrid se entiende mejor cuando la observas sin prisa.