María de Maeztu y el Lyceum: el club feminista que tuvo sede en Chueca
Chueca es social, sí. Pero antes de ser el barrio de las quedadas y las plazas llenas, fue también escenario de una historia que no se cuenta lo suficiente: la del Lyceum Club Femenino, una red de mujeres que, en plena España conservadora, se organizó para pensar, crear y empujar derechos. Y lo más jugoso para este blog: su primera sede estuvo en la Casa de las Siete Chimeneas (Plaza del Rey, esquina calle de las Infantas), el edificio con una placa que lo recuerda.
María de Maeztu: la educación como plan de vida
María de Maeztu (1881–1948) no es solo “una pionera”: fue una estratega de la educación. La Biblioteca Nacional resume su trayectoria con fechas muy claras: en 1915 aparece como directora de la Residencia de Señoritas, y en 1926 como fundadora del Lyceum Club Femenino.
La Residencia de Señoritas (creada por la Junta para Ampliación de Estudios) fue un proyecto gigantesco para su época: un lugar donde las mujeres podían vivir, estudiar y construir futuro universitario en Madrid, con una dirección (la de Maeztu) orientada a abrir puertas reales, no solo a “dar clase”. El Ministerio de Educación (biblioteca central) y la Fundación Ortega-Marañón sitúan la Residencia como un centro clave entre 1915 y 1936, con Maeztu al frente hasta el estallido de la Guerra Civil.
Por qué nace el Lyceum
El Lyceum Club Femenino se funda en 1926 y funciona en Madrid hasta 1939. No nace por casualidad: nace porque, en una sociedad donde las mujeres tenían límites legales y sociales muy serios, hacía falta un lugar para pensar en voz alta, aprender juntas y crear una agenda propia. RTVE lo explica desde el contexto: el Lyceum defendía la “fraternidad femenina” y en su espacio se debatían asuntos como divorcio o sufragio, además de organizar conferencias y exposiciones.
Y ojo a lo moderno del concepto: el Lyceum se inspiraba en clubes internacionales (el modelo londinense aparece como referencia en varios textos divulgativos) y se organizó por secciones (social, literatura, música, artes, ciencias, internacional, hispanoamericana…). La web del propio proyecto memorialista del Lyceum explica esa estructura de secciones y menciona a figuras clave en su dirección.
La conexión “100% Chueca”: la Casa de las Siete Chimeneas
Aquí está el ancla local para un blog brutal: el edificio que albergó al Lyceum entre 1926 y 1939 es la Casa de las Siete Chimeneas, en Plaza del Rey esquina con calle de las Infantas.
Y sí: esto NO está “al lado” del hostel (zona Plaza/Metro Chueca). Está en el entorno Chueca–Salesas–Gran Vía, a un paseo razonable por Justicia, pero no es “bajo y llego en 2 minutos”. La gracia es que sigue siendo caminable.
En 2017, el Ayuntamiento colocó una placa conmemorativa para mantener viva la memoria del Lyceum en el edificio, recordando explícitamente que fue sede del club en ese periodo. Y hoy el edificio es propiedad del Ministerio de Cultura (dato señalado en la nota municipal) y aparece como una de sus sedes en información turística oficial.
Qué pasaba dentro: un “club” que en realidad era una red de futuro
Lo más fácil es imaginar el Lyceum como “señoras tomando té”. Error. Era un lugar donde las mujeres construían capital cultural y político: conferencias, exposiciones, debates, redes profesionales, proyectos sociales. El País cuenta cómo, en un entorno hostil, las socias llegaron a ser atacadas con etiquetas como “antipatriotas” o “destructoras”, precisamente porque su existencia rompía el guion esperado.
La lista de nombres impresiona porque mezcla perfiles muy distintos. En fuentes divulgativas se citan cargos en la junta con María de Maeztu como presidenta y figuras como Victoria Kent o Zenobia Camprubí en puestos relevantes, además de socias de primer nivel cultural.
La idea potente para El Patio es esta: en el centro de Madrid, un grupo de mujeres creó un espacio seguro para hablar de lo que no se podía hablar (derechos, educación, autonomía), pero también para producir cultura, conocimiento y comunidad.
El final: clausura, apropiación del relato… y memoria recuperada
El Lyceum se interrumpe con la guerra y termina clausurado, y la historia se vuelve dura: El País resume cómo el edificio pasó a vincularse al Club Medina ligado a la Sección Femenina, en un giro simbólico fuerte (de espacio de emancipación a aparato del régimen).
Lo bonito —y muy 2026— es que hay una recuperación activa de esa memoria. Este año se han publicado piezas periodísticas por el centenario que recuerdan su papel y el calibre de las mujeres que lo hicieron posible. La placa en la Casa de las Siete Chimeneas es clave porque baja todo a tierra: “esto pasó aquí”, en una esquina por la que hoy caminas camino de Gran Vía.
Cómo “visitar” el Lyceum hoy (sin inventar)
Importante para no vender humo: la Casa de las Siete Chimeneas no funciona como museo visitable estándar; es un edificio institucional. Lo que sí puedes hacer es un plan cultural realista:
Ver el edificio por fuera (Plaza del Rey) y localizar la placa del Lyceum.
Aprovechar para entender el lugar: estás en Justicia, entre Chueca y Recoletos, en un punto donde Madrid ha cambiado de piel muchas veces. La info turística oficial recoge su relevancia patrimonial y su uso institucional actual.
Y si quieres convertirlo en blog “de ruta”: haces foto de la placa + fachada, cuentas el contexto (1926–1939), presentas a Maeztu y cierras con “por qué esto importa hoy”.
Chueca no es solo fiesta: es barrio de comunidad. Y el Lyceum fue exactamente eso hace un siglo: una comunidad organizada para que las mujeres tuvieran voz, agenda y espacio. La placa en la Casa de las Siete Chimeneas te deja el final escrito: no es una historia abstracta, es un lugar concreto. Y en El Patio, donde la gente viene a conocer personas de todo el mundo, esa idea pega fuerte: cuando la ciudad abre espacios, cambia vidas.