Mili Hernández y Berkana: la “biblioteca” que hizo visible Chueca de día

Chueca tiene dos vidas: la que todo el mundo imagina (noche, música, gente, libertad a volumen alto) y la que sostiene al barrio cuando amanece. Esa segunda vida —la de la visibilidad sin nocturnidad, la de las conversaciones que empiezan bajito y acaban cambiándote por dentro— tiene un nombre propio: Mili Hernández.

Si hoy Chueca es sinónimo de barrio abierto, no es solo por lo que pasó en las plazas o en las leyes. También es por lo que ocurrió dentro de una librería: Berkana, un espacio que, desde mucho antes de los 2000, puso algo radical en el escaparate: existimos.

Mili Hernández: volver a Madrid para abrir una puerta

La historia que se cuenta poco es esta: Mili Hernández no “montó una tienda”. Volvió a Madrid con una idea clara después de vivir fuera —con referencias muy concretas de librerías LGTBQ+ en Londres y Nueva York— y decidió construir en España lo que a ella le había faltado cuando buscaba respuestas.

En entrevistas, Mili lo ha explicado con una frase que funciona como declaración de intenciones: que su librería nació con un propósito casi de emergencia, como un lugar al que agarrarse cuando no existían recursos, discursos ni estanterías que te nombraran.

Y esa intención se nota en lo que Berkana ha sido desde entonces: un espacio cultural, sí, pero también un punto de orientación, una “biblioteca” viva (aunque sea librería) donde el valor no está solo en el libro que compras, sino en el clic que te hace la cabeza cuando encuentras el título exacto que nadie te había recomendado porque, sencillamente, nadie hablaba de ello.

Berkana, antes de los 2000: abrir sin catálogo y con miedo alrededor

Berkana se creó en 1993 y desde el inicio fue pionera: la primera librería especializada en cultura LGTBIQ+ de España y Latinoamérica.

Lo fuerte es cómo empezó: sin un mercado real. En su propia historia lo dicen sin maquillaje: “no existían libros para rellenar nuestras estanterías” y, además, “nuestros clientes todavía no habían perdido el miedo a ser visibles”.

Ese detalle explica por qué Berkana cambió Chueca más allá de la venta: cuando alguien entra a un sitio así por primera vez, muchas veces no entra solo a comprar. Entra a comprobar si el mundo tiene un lugar para él/ella/elle.

También explica por qué Mili dio otro paso clave: impulsar Editorial Egales (nacida en 1995) para publicar y mover literatura LGBT en castellano cuando era casi inexistente.

2000 en adelante: Berkana se convierte en ancla

A partir de los 2000, Chueca se acelera: más visibilidad, más turismo, más foco mediático. Y, como pasa con cualquier barrio que se convierte en “marca”, aparece el riesgo de que lo esencial se vuelva decoración.

En ese cambio, Berkana funcionó como ancla cultural diurna: mientras el barrio multiplicaba sus capas, la librería seguía sosteniendo una idea muy clara: la visibilidad no solo pasa de noche.

No es una metáfora: Mili Hernández está asociada precisamente a esa visibilidad “a plena luz”, y se recuerda a Berkana como un comercio que se atrevió a mostrarse en el barrio cuando todavía costaba.

Y, para entender lo que significa “ancla” en Chueca, piensa en esto: una librería así crea comunidad de una forma silenciosa y muy poderosa. No necesitas evento para que pase algo. Pasa porque el fondo editorial está pensado para que alguien se encuentre; pasa porque el escaparate conversa con la calle; pasa porque la gente entra, pregunta, recomienda, vuelve.

Berkana como “biblioteca”: el archivo emocional del barrio

Llamarla “biblioteca” no es un error romántico: es una forma de decir que Berkana ha operado como archivo emocional.

  • Archivo porque ha reunido narrativa, ensayo, poesía, cómic, fotografía y fanzines con foco LGTBIQ+.

  • Emocional porque, durante décadas, ha sido el lugar donde muchas personas encontraron lenguaje para lo que les pasaba.

En piezas periodísticas sobre Berkana se repite una idea: que por allí ha pasado muchísima gente, incluso más que por algunos espacios activistas formales. Y tiene sentido. La librería es menos intimidante: entras con una excusa (“vengo a por un libro”) y sales con algo mucho más grande (“ya sé cómo se llama esto que siento”).

Y si hablamos de Chueca “2000 en adelante”, hay un dato que ayuda a entender el contexto: el matrimonio igualitario en España se aprobó con la Ley 13/2005, un cambio histórico que consolidó derechos y empujó la conversación pública.
Berkana ya estaba ahí antes, durante y después: acompañando el cambio social con cultura, que es lo que hace que los derechos no se queden solo en papel.

Los años difíciles también cuentan: 2017 y la pregunta incómoda de “¿puede desaparecer lo imprescindible?”

En 2017, Berkana estuvo al borde del cierre y sus propietarias lanzaron campañas de apoyo para sostener el proyecto frente a un mercado cada vez más duro (competencia online, piratería, etc.).

Ese episodio dejó una lección muy poco glamurosa pero muy real: los lugares que cambian un barrio no siempre se sostienen solos. Se sostienen porque la comunidad entiende que, si desaparecen, no se pierde “un comercio”, se pierde memoria, refugio y continuidad.

2025: cuando atacan el escaparate, el símbolo se vuelve evidente

En agosto de 2025, Berkana sufrió un ataque vandálico que dañó el escaparate. La noticia fue ampliamente recogida y denunciada por asociaciones y figuras públicas; aun así, la librería abrió con normalidad.

Contarlo no es recrearse en el daño. Es recordar algo importante para entender Chueca hoy: que la visibilidad no es una línea recta. Que un barrio símbolo también necesita cuidado. Y que Berkana, precisamente por ser símbolo cultural, se convierte a veces en diana… y aun así sigue.

30 años después: Berkana entra en la conversación institucional sin perder la calle

Cuando un proyecto cumple décadas, pasa una cosa curiosa: lo que antes era “marginal” se vuelve historia.

En 2024 (en el contexto de actividades del Orgullo), la Biblioteca Nacional de España (BNE) organizó una mesa redonda homenaje titulada “30 años de literatura LGTBI. Homenaje a la librería Berkana”, un reconocimiento explícito a su papel cultural.

Ese gesto importa por dos razones:

  1. Porque confirma que Berkana no fue solo un “sitio del barrio”, sino un agente cultural de largo recorrido.

  2. Porque valida algo que la gente de Chueca ya sabía: que hay lugares que sostienen país sin salir en los titulares cada día.

Berkana hoy: datos útiles (y por qué sigue siendo una parada esencial en Chueca)

Berkana sigue en Calle Hortaleza, 62 (28004 Madrid).
Y si nunca has entrado, hay algo que se percibe rápido (incluso desde fuera): una estética directa, reconocible, con fachada fucsia/rosa y un escaparate que funciona como declaración cultural (portadas, mensajes, agenda).

Contacto oficial (según su web):

  • Dirección: C/ Hortaleza, 62

  • Teléfono: +34 91 522 5599

  • Email: berkana@libreriaberkana.com

Horario (referencia pública): Time Out indica apertura todos los días con variaciones:

  • L–V: 10:30–20:30

  • S: 11:30–20:30

  • D y festivos: 12:00–14:00 y 17:00–20:00
    y cierre solo 25 dic, 1 y 6 ene.

Nota honesta de barrio: los horarios pueden cambiar en festivos o semanas especiales; antes de ir, revisa su Instagram oficial.

Lo que Berkana representa en 2026 (y por qué Mili Hernández sigue importando)

Hoy es fácil romantizar Chueca. Hacerlo “bonito” y ya. Pero la historia real —la que pesa— es la de quienes construyeron espacios cuando no había manual.

Mili Hernández representa eso: la decisión de convertir la cultura en infraestructura. De montar una librería que funcionara como biblioteca de recursos, espejo y refugio. Y de sostenerla durante décadas en un barrio que cambia rápido.

Para El Patio de Chueca, esta historia es parte del ADN del barrio: porque aquí la social life no es solo diversión; es comunidad. Y Berkana es uno de esos lugares que te recuerdan que la comunidad también se hace con libros, con conversación y con valentía diurna.

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